Preguntas comunes

Estas son preguntas que se hacen a menudo sobre los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Si tienes más preguntas, nos encantaría fijar una visita con los misioneros.

Creencias cristianas

¡Claro que sí! Después de todo, “mormón” es solo un apodo. Somos miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, por consiguiente, creemos que Jesucristo es el Hijo de Dios, el Salvador del mundo, y que Él nos ama más de lo que podemos imaginar. ¿Significa eso que tenemos exactamente las mismas creencias que cualquier otra iglesia cristiana? No. Pero sin duda nos consideramos seguidores devotos de Jesucristo.

La Santa Trinidad es el término que utilizan muchas religiones cristianas para describir a Dios el Padre, a Jesucristo y al Espíritu Santo. Los Santos de los Últimos Días creemos firmemente en los tres, pero no creemos que sean la misma persona. Creemos que son uno en propósito. Su objetivo es ayudarnos a alcanzar el verdadero gozo en esta vida y en la vida venidera (en la cual también creemos).

Sí. Jesús es el fundamento de nuestra fe. De hecho, preferimos llamar a nuestra Iglesia por su nombre completo: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

El Libro de Mormón dice: “Y hablamos de Cristo, nos regocijamos en Cristo, predicamos de Cristo, profetizamos de Cristo y escribimos según nuestras profecías, para que nuestros hijos sepan a qué fuente han de acudir para la remisión de sus pecados” (2 Nefi 25:26).

El término “mormones” es un apodo que proviene de un libro de Escritura propio de nuestra Iglesia llamado el Libro de Mormón. Nosotros no pusimos el sobrenombre, pero muchas personas lo utilizan para describir a la Iglesia y a sus miembros. En el pasado, nosotros mismos adoptamos el término, e incluso lo utilizamos, pero recientemente hemos pedido a las personas que llamen a la Iglesia por su nombre completo: La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. De esta manera, todo el mundo sabe que Jesús es el centro de nuestra religión y de nuestras creencias.

“Santos de los Últimos Días” es una buena manera para referirte a tus amigos que son miembros de la Iglesia.

Sí. Mucho. Es la palabra de Dios, un tomo sagrado de Escritura, y es necesario leerlo para tener una vida feliz. Junto con la Biblia, también encontramos inspiración en otros libros de Escritura propios de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Todos se unen para enseñarnos verdades importantes acerca de Jesucristo.

La Biblia fue escrita por hombres inspirados llamados profetas. Dios habló a profetas como Moisés e Isaías, y ellos escribieron Sus enseñanzas. Esos escritos constituyen el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento es una colección de relatos que los seguidores de Jesús escribieron en primera persona, y las cartas de Pablo y otros apóstoles. Más tarde, ambos testamentos fueron traducidos y compilados en el libro que hoy conocemos como la Biblia.

Libro de Mormón

El Libro de Mormón es un libro de Escritura inspirada que existe para darnos dirección en nuestra vida y conectarnos a Jesús. ¿De dónde viene su nombre? Hace siglos, un antiguo profeta llamado Mormón compiló una historia de su pueblo. Ellos afrontaron muchos de los mismos desafíos que nosotros tenemos y, al igual que nosotros, encontraron fortaleza cuando se volvieron a Jesucristo. Hoy en día, leer el Libro de Mormón junto con la Biblia es una manera de sentirnos más cerca de Dios y de comprender Su gran amor por todos nosotros.

Este es un breve resumen de una historia épica que abarca mil años:

En esencia, el Libro de Mormón es la historia de una familia. Lehi es profeta en Jerusalén. Dios advierte a Lehi en un sueño que tome a su familia y salga de Jerusalén, porque la ciudad será destruida. Cruzan el océano hacia el continente americano. Lamán y Lemuel, los hijos mayores, no creen que su padre Lehi haya sido inspirado. Ellos siempre se están quejando. Su hermano menor, Nefi, está lleno de fe. Nefi es elegido por Dios para dirigir a su familia y ser su maestro.

Finalmente, el pueblo se separa en dos grupos: los nefitas y los lamanitas. Estos grupos a menudo están en guerra, y su fe es constantemente probada. Esa fe llena las páginas del Libro de Mormón en forma de potentes sermones, lecciones de vida y experiencias espirituales.

Después de resucitar, Jesús se aparece a la gente en el continente americano. Les enseña acerca del bautismo y el perdón. Sana a los enfermos y bendice a los niños. Establece Su Iglesia. A diferencia de los de Jerusalén, las personas escuchan a Jesús. Después de eso viven en paz durante cientos de años.

Con el tiempo, las personas pierden la fe y se desata la guerra de nuevo, aniquilando a casi toda la población.

Al igual que la Biblia, el Libro de Mormón tiene muchos autores. Es una colección de diarios e historias que se transmitieron de un escritor a otro durante un período de aproximadamente mil años. El primer autor es el profeta Nefi, quien salió de Jerusalén con su familia en el año 600 a. C. y navegó hasta el continente americano. Nefi pasó el registro a su hermano menor, quien después se lo dio a su hijo. Cada autor le pasó el registro a una persona en quien confiaba. Mormón es el nombre del profeta que compiló todos los escritos en un solo libro el cual, por esa razón, se llama el Libro de Mormón.

En 1823, José Smith fue conducido hasta los antiguos registros, los cuales tradujo por el poder de Dios.

El Libro de Mormón apoya a la Biblia y a menudo aclara las enseñanzas de Jesucristo. En la Biblia, Marcos y Lucas relatan las mismas historias acerca de Jesús, pero aprendemos más al recibir la información desde dos perspectivas.

Juntos, el Libro de Mormón y la Biblia contienen miles de años de valiosa inspiración, instrucción y guía. Mediante el estudio de ambos libros puedes entender mejor quién es Dios y lo que Él desea para ti.

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Forma de vida

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días son como cualquier otra persona. Tienen altibajos, con todo lo que eso conlleva. De hecho, ¡te sorprendería saber lo normales que podemos ser! Los Santos de los Últimos Días tienen fama de ser personas felices y pacíficas, pero eso no significa que no tengan desafíos. Todos en esta vida libramos una dura batalla; pero cuando hacemos todo lo posible por vivir el evangelio de Jesucristo, recibimos fortaleza y paz para salir adelante.

En cuanto a su forma de vida, los Santos de los Últimos Días tratan de mantener a Jesús en el centro de su día a día. Sus creencias acerca del Salvador y Sus enseñanzas influyen en sus decisiones diarias en cuanto al modo en que hablan, se visten y actúan. Por ejemplo, ellos tratan de evitar trabajar los domingos para poder asistir a la Iglesia, servir a los demás y pasar tiempo en familia. Además, los miembros fieles de la Iglesia no fuman, no beben alcohol ni participan en juegos de azar.

Los miembros de la Iglesia de Jesucristo elegimos no beber cerveza porque creemos en un código de salud inspirado que nos insta a cuidar nuestro cuerpo. La mayoría de las cosas son de sentido común. No consumimos drogas. No bebemos alcohol. No hacemos uso del tabaco. Pero, además de eso, tampoco bebemos café ni té. Las razones por las que evitamos sustancias como el café o el té tal vez sean menos obvias; sin embargo, creemos que estas instrucciones provienen de Dios, así que tratamos de abstenernos de esas sustancias.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días tiene muchas tradiciones culturales y costumbres que se centran en la familia. Por ejemplo, los miembros de la Iglesia reservan una noche a la semana para tener la noche de hogar, o noche en familia. Otras actividades durante la semana incluyen sencillas meriendas compartidas y pequeñas celebraciones, o reuniones de jóvenes para los adolescentes. Muchas de nuestras tradiciones son convencionales, como la celebración de festividades con nuestra familia, y otras son más singulares, como dar una sagrada bendición a un bebé recién nacido en la Iglesia. Como familia, oramos juntos, leemos las Escrituras juntos y, el primer domingo de cada mes, incluso ayunamos juntos durante veinticuatro horas.

No. Hay familias mormonas de todos los tamaños y formas. ¿Se recomienda que nuestra familia tenga un número de hijos determinado? De nuevo, no. Esa es una decisión profundamente personal. Las familias amorosas pueden ser grandes, pequeñas o lo numerosas que sean.

No. A principios de la historia mormona, el Señor mandó que un número limitado de miembros de la Iglesia practicaran el matrimonio plural. Sin embargo, a finales del siglo XIX se recibió la revelación de poner fin a dicha práctica. Desde entonces, la Iglesia ha enseñado que la monogamia es la forma de matrimonio que el Señor ordena en la actualidad. Aunque a día de hoy algunas personas siguen practicando la poligamia, esas personas no son miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un lugar seguro donde las personas pueden hallar la esperanza de una vida mejor por medio de Jesucristo. La Iglesia proporciona herramientas, prácticas y enseñanzas sagradas que te ayudarán a desarrollar y a nutrir tu relación con Dios. Y, por si eso fuera poco, ser miembro de la Iglesia significa pertenecer a una comunidad de personas que se preocupan las unas por las otras.

Sí, tanto en familia como a nivel de Iglesia. Después de todo, si el nacimiento y la resurrección de Cristo no son acontecimientos dignos de celebración, ¿cuáles lo son? A veces la gente nos confunde con algunas religiones cristianas que no celebran festividades, pero puedes estar seguro de que nosotros sí lo hacemos.

Reuniones de la Iglesia

Los horarios de las reuniones de la Iglesia varían de una congregación a otra, pero siempre constan de una reunión principal para toda la congregación seguida de una clase separada por grupos de edad o por intereses generales.

La reunión dirigida a toda la congregación se llama “reunión sacramental”, y consta de himnos, oraciones y sermones (o “discursos”) ofrecidos por diferentes miembros de la congregación. Pero la parte más importante de la reunión es cuando tomamos la Santa Cena (o Comunión) para recordar al Salvador.

Cada vez más personas rechazan la idea de una religión organizada y prefieren simplemente ser espirituales y tratar de vivir una buena vida. Pero la gente necesita ambas cosas. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días proporciona la estructura y la autoridad del sacerdocio necesarias para cumplir todos los mandamientos de Dios, incluso el ser bautizados y tomar la Santa Cena (o Comunión). Debes ir a la Iglesia los domingos, además de esforzarte por ser espiritual y prestar servicio a los demás durante la semana.

Simplemente trata de ir bien arreglado. Serás bienvenido con cualquier ropa de buen gusto con la que te sientas cómodo pero, para que te hagas una idea, la mayoría de los hombres van vestidos con traje, o con camisa y corbata, y las mujeres suelen llevar vestido o falda. Los niños, por lo general, también se visten de manera formal.

Esperamos que no. Muchos de nuestros miembros asisten a la Iglesia solos cada semana. Sin embargo, si deseas que alguien asista contigo la primera vez, puedes ponerte en contacto con los misioneros y ellos buscarán un amigo que se siente contigo. Siempre es difícil ser nuevo, sea cual sea la situación, pero pronto conocerás a los demás miembros y te sentirás como en casa.

¡Sí! Te invitamos a participar con nosotros en las actividades semanales, excursiones sociales, proyectos de servicio y reuniones de la Iglesia. Nos encantaría conocerte y contar con tu participación en la comunidad.

No. No se requiere que los visitantes participen. Cuando se reparte el pan y el agua de la Santa Cena (o Comunión) a la congregación, puedes tomarlos en memoria del cuerpo y la sangre de Cristo, o simplemente pasar la bandeja a la siguiente persona. Aparte de eso, ponte cómodo y disfruta de la reunión. En la clase de Escuela Dominical, el maestro a menudo pide voluntarios para que lean. Simplemente no levantes la mano si prefieres no participar.

Todo depende de lo numerosa que sea la congregación que visites. Algunas congregaciones son tan numerosas que los miembros que asisten regularmente puede que se den cuenta de que estás de visita, o no. Otras tienen tan pocos miembros que todos se conocen entre sí, y sin duda reconocerán al recién llegado y lo recibirán con los brazos abiertos. De cualquier manera, no dudes en presentarte o en hacer preguntas. Todos estarán contentos de que estés allí.

Pueden y lo hacen. Ellas predican desde el púlpito, prestan servicio como misioneras, líderes, consejeras y maestras, entre muchas otras responsabilidades.

No. No solicitamos donaciones ni recogemos donativos en nuestras reuniones.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se organizó oficialmente en Fayette, Nueva York, en 1830. El primer presidente de la Iglesia fue José Smith. Él tuvo una visión de Jesucristo y de Dios el Padre, y fue llamado como profeta para restaurar la Iglesia de Jesucristo. Recibió el sacerdocio de Dios, tradujo el Libro de Mormón y envió misioneros a predicar el Evangelio por todos los Estados Unidos y en el extranjero.

Las Oficinas Generales de la Iglesia se trasladaron a Ohio, Misuri e Illinois para escapar de la persecución y en busca de un lugar donde congregar a los miembros. Debido a la desconfianza y a los conflictos políticos locales, el profeta José Smith fue encarcelado ilegalmente en 1844 y asesinado por un populacho.

Brigham Young pasó a ser el siguiente Presidente de la Iglesia. Él dirigió a los Santos que viajaron en carretas cubiertas a través de las planicies de los Estados Unidos hasta las Montañas Rocosas de Utah. Desde entonces, la Iglesia ha crecido drásticamente por todo el mundo. En la actualidad hay más de quince millones de miembros en ciento setenta países de todo el mundo.

Ven a ser parte de nuestra familia de la Iglesia

La vida de Jesucristo

La resurrección es la reunificación del espíritu y el cuerpo después de la muerte para nunca separarse otra vez. Jesús se levantó de entre los muertos, o resucitó, tres días después de Su crucifixión. Él aún vive hoy en día, y nosotros también resucitaremos y podremos volver a vivir con Dios.

Nadie sabe cuándo sucederá, pero sí sabemos que Él vendrá de nuevo. Los ángeles declararon a los apóstoles de Jesús: “Este mismo Jesús, que ha sido llevado de entre vosotros arriba al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo” (Hechos 1:11). La Biblia y el Libro de Mormón hablan acerca de las señales que precederán a la Segunda Venida, tales como guerras, hambrunas y la predicación del evangelio de Jesucristo a todas las naciones.

En la Biblia se hace referencia a Jesús con cerca de doscientos nombres, títulos y descripciones. Muchos de esos títulos captan de manera extraordinaria Su majestad y Su misión.

  • Cristo
  • Salvador
  • Redentor
  • Hijo de Dios
  • Jehová
  • Cordero de Dios
  • Pan de Vida
  • Consejero
  • Emanuel
  • Luz del mundo
  • Señor
  • Maestro
  • Mediador
  • Agua Viva
  • Príncipe de Paz
  • Intercesor
  • Mesías
  • Santo de Israel
  • Hijo Unigénito
  • Buen Pastor

La naturaleza de Dios

Nosotros creemos que todos somos hijos de nuestro Padre Celestial y que, como el padre bondadoso y lleno de amor que es (un padre perfecto, de hecho), Él está al tanto de ti. Él te conoce; conoce tus desafíos, tus triunfos, tus puntos fuertes y tu increíble potencial. Y, sabiendo todo eso, Él te ama. Mucho. Nada es más importante para Él que tu salvación; por eso desea que llegues a conocerlo.

Si lo que buscas es una prueba científica irrefutable de la existencia de Dios, te sugerimos un enfoque diferente. Cada uno de nosotros puede recibir el conocimiento de que Dios es real, pero eso sucede por medio de un proceso profundamente personal que pasa por buscar a Dios por medio del estudio, el servicio, la oración y la inspiración divina. Cuando tenemos ese conocimiento, vemos pruebas de la existencia de Dios por todas partes: en la naturaleza, en el curso de nuestra vida diaria y en las respuestas a nuestras oraciones.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, tal vez ningún título de Dios sea más importante que el de Padre Celestial. Esto es porque creemos que todas las personas tienen un espíritu, y que Dios es el padre de esos espíritus. Somos literalmente Sus hijos, y Él desea tener relación con nosotros. En la Biblia también se pueden encontrar otros nombres de Dios (que provienen del idioma hebreo), como Elohim, Jehová o Abba, que es como Jesucristo se dirigió a Dios cuando oró en el Jardín de Getsemaní. ¿Y qué significa Abba? Padre.

Oración

La Biblia nos insta a orar, al tiempo que nos da muchos ejemplos y consejos sobre cómo hacerlo:

Marcos 11:24

“Por tanto, os digo que todo lo que pidáis en oración, creed que lo recibiréis, y os vendrá”.

Colosenses 4:2

“Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias”.

Santiago 5:16

“Confesaos vuestras faltas unos a otros y orad los unos por los otros, para que seáis sanados; la oración eficaz del justo puede mucho“.

1 Juan 5:14

“Y esta es la confianza que tenemos en él: que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye”.

Cuando Jesucristo instó a Sus discípulos a orar, Él ofreció una oración que les sirviera de ejemplo. Se ha llegado a conocer como el Padrenuestro, y nosotros podemos orar usando el mismo modelo. Comenzamos dirigiéndonos a Dios y mostrando gratitud; luego pedimos las cosas que necesitamos, antes de acabar nuestra oración diciendo “amén”. Puedes encontrar un relato de esta oración en Mateo 6:9–13 y Lucas 11:1–4.

Hay muchas maneras diferentes de orar. Podemos orar solos o como familia. Podemos ofrecer oraciones en las comidas, antes de irnos a dormir, lo primero por la mañana o en cualquier momento, en realidad. Lo importante es que dediquemos tiempo a ofrecer sinceramente nuestra gratitud a Dios y pedir Su ayuda.

Además de la oración, la meditación puede ayudarnos a centrar nuestra mente en Dios y a sentir el Espíritu. En ese sentido, la meditación puede ayudarnos a prepararnos para orar.

Nos encantaría orar contigo

Los templos y los casamientos

Depende. Los templos están abiertos únicamente para los miembros de la Iglesia que se han preparado para aprovechar al máximo su experiencia en el templo. Pero cuando se construyen los templos, y en otras ocasiones especiales, se llevan a cabo programas de puertas abiertas para que el público pueda hacer un recorrido por su interior. Además, muchos templos tienen centros de visitantes y jardines que están abiertos a todos.

Para los Santos de los Últimos Días, un templo es diferente a otros edificios de la Iglesia. Es un lugar donde los miembros de la Iglesia van a hacer promesas con Dios. Esas promesas incluyen guardar los mandamientos, ser buenos esposos y esposas y cuidarnos los unos a los otros compartiendo lo que tenemos. Además, como creemos que las familias son eternas, mucha de la obra que se efectúa dentro de los templos es para hacer que los lazos familiares sean aun más fuertes. Los matrimonios se efectúan para que duren para siempre, no solo “hasta que la muerte los separe”. Padres e hijos llegan a ser familias eternas. Recordamos a nuestros antepasados. ¡Los templos son lugares concurridos!

Las familias son fundamentales en el plan de Dios para nuestra felicidad, y el matrimonio se ha diseñado para durar más que “hasta que la muerte los separe”. En el templo, el esposo y la esposa se unen para siempre. Esta ceremonia de casamiento se llama “sellamiento” en el templo, porque el matrimonio se une por esta vida y por la eternidad. La novia y el novio prometen honrarse y amarse completamente el uno al otro, y se comprometen a seguir las enseñanzas y el ejemplo de Jesús. A cambio se les promete que su matrimonio y su familia perdurarán en la vida venidera.

En los templos de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, el esposo y la esposa se unen para siempre. Esta ceremonia de casamiento se llama “sellamiento” en el templo, porque el matrimonio se une por esta vida y por la eternidad. No obstante, después de esa ceremonia a menudo se celebran bodas a la manera tradicional, con una recepción para comer, bailar y reunirse para celebrar el amor.

La ropa religiosa específica y única es algo común en muchas religiones, y cumple varios propósitos. La ropa interior de los mormones, llamada más apropiadamente el gárment del templo, consta de dos piezas similares a una camiseta interior y unos pantalones cortos que los miembros adultos de la Iglesia llevan debajo de su propia ropa. Esas prendas sirven como recordatorio de las promesas que le han hecho a Dios, y los miembros que las llevan las consideran sagradas.

Los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días pueden casarse con quien quieran. Sin embargo, los matrimonios en el sagrado templo están reservados solo para que dos miembros dignos de la Iglesia participen en la ceremonia de casamiento que se efectúa en el templo.

La vida después de la muerte

Para nosotros, el cielo es vivir en la presencia de Dios y de Jesús para siempre. Las Escrituras nos dan una idea de cómo será. Jesús declaró: “En la casa de mi padre muchas moradas hay” (Juan 14:2). Una de las alegrías más grandes de los cielos es que, si somos justos, podremos vivir para siempre con nuestras familias y llegar a ser “herederos de Dios, y coherederos con Cristo” (Romanos 8:17). Por supuesto, no sabemos todos los detalles de cómo será el cielo, pero definitivamente creemos que es un lugar de “interminable felicidad” (Mosíah 2:41), lo cual suena muy bien.

Nuestra percepción del infierno difiere de la imagen de lava, fuego y tridentes que se muestra en las películas. Los espíritus de aquellos que decidan no seguir a Dios en la vida irán a un infierno provisional cuando mueran. En este caso, el “infierno” se refiere más a un estado mental que a un lugar físico. Sentirán dolor por el remordimiento y el pesar, no por el fuego y el azufre.

Pero Dios y Jesús son infinitamente justos y misericordiosos. Creemos que las personas que no tuvieron la oportunidad de conocer a Jesús y de aceptarlo en esta vida tendrán la oportunidad de hacerlo después de morir. Se les enseñará Su evangelio y, si se vuelven a Dios, tendrán un lugar en el cielo después del Juicio Final,

que tendrá lugar después de que Jesús regrese a la tierra y nosotros resucitemos. En función de nuestros hechos y de los deseos de nuestro corazón, experimentaremos distintos “grados de gloria”, tal como se describe en 1 Corintios 15:41–42: “Una es la gloria del sol y otra la gloria de la luna, y otra la gloria de las estrellas, pues una estrella es diferente de otra en gloria. Así también es la resurrección de los muertos”. Gracias al amor perfecto y a la comprensión del Salvador, todas las personas tendrán una vida mejor que la que tuvieron en la tierra; pero solo aquellos que siguieron a Dios podrán vivir directamente en Su presencia.

Cuando los Santos de los Últimos Días se casan, entienden que el matrimonio se ha diseñado para durar para siempre. Las ceremonias de casamiento en los templos contienen las palabras “por el tiempo y por toda la eternidad”, no “hasta la muerte los separe”. Pero no son las palabras las que hacen posible el matrimonio eterno; es el poder de Dios. Los niños que nacen en el seno de un matrimonio efectuado en el templo son automáticamente “sellados” a sus padres. Las familias que se unen a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días más tarde en la vida también pueden ir al templo para ser selladas.

Cómo vencer las dificultades

Sentirse triste no está mal. Puedes estar triste y aún tener fe en que Dios te ama y que, al final, todo irá bien.

No tengas miedo de hablar acerca de tus sentimientos con alguien, como un especialista en procesos de duelo, un familiar, un amigo de confianza o un líder religioso. Deja que te consuelen, aun cuando no puedan entender plenamente lo que estás pasando.

También puedes encontrar paz en el evangelio de Jesucristo. Dios está ahí, te conoce y se preocupa por ti. Jesús tomó sobre Sí todo sufrimiento a fin de saber cómo ayudarte a superar el tuyo. Puedes volver a estar con tus seres queridos después de la muerte. Estas enseñanzas no quitan todo el dolor, pero pueden brindar esperanza y comprensión.

“Y enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de ser” (Apocalipsis 21:4).

La felicidad es una elección. Podemos elegir ser felices incluso cuando las cosas van mal. Debemos recordar que Dios nos ama, y que “todas las cosas obrarán juntamente para [nuestro] bien” (véase Romanos 8:28). Estamos aquí para crecer por medio de desafíos, pero también para encontrar la felicidad en el camino. Elegimos la felicidad cuando evitamos compararnos con otras personas, cuando nos sentimos agradecidos por las cosas que tenemos, nos rodeamos de personas positivas, prestamos servicio a los demás y reconocemos la mano de Dios en nuestra vida. El Libro de Mormón nos dice que “existen los hombres para que tengan gozo” (2 Nefi 2:25).

Esa es una pregunta difícil. Todo comienza con las cosas pequeñas. Lo primero es tener el deseo de cambiar y la esperanza de que es posible. Puedes lograrlo con la ayuda de Dios. El Libro de Mormón nos dice que “por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6).

Escoge algunas cosas pequeñas que debas mejorar. Pueden ser metas espirituales como orar, leer las Escrituras o ir a la Iglesia. También podrías fijarte metas para vencer malos hábitos o pecados. Jesús pagó el precio de todos nuestros errores, pecados y aflicciones, porque ninguno de nosotros es perfecto. Si no sabes lo que necesitas cambiar, puedes preguntarle a Dios. También podrías reunirte con los misioneros para que te ayuden a saber más acerca de lo que Dios desea para ti.

Bautismo

Sí. Jesús dejó claro que nacer del agua y del Espíritu es necesario para entrar en el reino de los cielos (véase Juan 3:1–13).

Los Santos de los Últimos Días creen que el Señor reveló que una persona tiene edad suficiente para ser bautizado cuando tiene por lo menos ocho años de edad. A esa edad, la mayoría de las personas son capaces de discernir entre el bien y el mal. Por esa razón, los miembros de la Iglesia no bautizan a los niños pequeños. En lugar de eso, los niños pueden bautizarse a partir de los ocho años.

Si el bautismo se realizó sin la debida autoridad, o de una manera que no correspondía con la forma en que fue bautizado el Salvador, tendrá que efectuarse de nuevo. El bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es un requisito previo para ser miembro.

Dios ha provisto una manera para que todas las personas puedan recibir todas Sus bendiciones, incluso después de la muerte. Los bautismos y otras ordenanzas esenciales se pueden efectuar en favor de aquellos que han muerto sin haber tenido la oportunidad. El apóstol Pablo habló del bautismo por los muertos en la Biblia (véase 1 Corintios 15:29), y los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días continúan con esa misma práctica en los templos en la actualidad.

Así es como funciona: Los Santos de los Últimos Días estudian su historia familiar para encontrar nombres de personas que han muerto sin haber sido bautizadas. Luego los miembros se bautizan en nombre de esos antepasados en el templo. Este acto de servicio por otras personas se presta con amor y, como la vida continúa después de la muerte, aquellos que han muerto están al corriente de las ordenanzas y pueden elegir si las aceptan o no.

Después del bautismo, aquellos que tienen la debida autoridad del sacerdocio colocan las manos sobre la cabeza de la persona que se ha bautizado para “confirmarla” como miembro de la Iglesia y conferirle el don del Espíritu Santo.

Jesús enseñó que el bautismo es necesario para entrar en el reino de los cielos pero, ¿qué ocurre con las personas que mueren sin haberse bautizado o sin siquiera haber oído hablar acerca de Jesús? ¿Cómo pueden ellos ser salvos?

Afortunadamente, Dios es amoroso y ha provisto una manera para que todas las personas puedan recibir todas Sus bendiciones, incluso después de la muerte. En el templo se efectúan bautismos y otras ordenanzas esenciales por aquellos que han muerto sin haber tenido la oportunidad de efectuarlas. El apóstol Pablo habló del bautismo por los muertos en la Biblia (véase 1 Corintios 15:29), y los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días continúan con esa misma práctica en los templos en la actualidad.

Así es como funciona: Los Santos de los Últimos Días estudian su historia familiar para encontrar nombres de personas que han muerto sin haber sido bautizadas. Luego los miembros se bautizan en nombre de esos antepasados en el templo. Este acto de servicio por otras personas se presta con amor y, como la vida continúa después de la muerte, aquellos que han muerto están al corriente de las ordenanzas y pueden elegir si las aceptan o no.

Descubre cómo puedes ser bautizado

Obra misional

Todos los miembros tienen el deber de compartir el Evangelio; sin embargo, cada persona tiene siempre la opción de servir una misión de tiempo completo o no hacerlo. Especialmente se anima a los jóvenes a que sirvan misiones, ya que es una gran oportunidad para aprender, servir y progresar.

No. De hecho muchos misioneros pagan sus propios gastos. A menudo ahorran con años de anticipación, y algunas veces las familias hacen sacrificios económicos para ayudar a enviar un misionero(a).

No. En realidad “Élder” no es un nombre sino un título para los misioneros varones. Del mismo modo, a las misioneras se las llama “Hermana”, seguido por su apellido. Son títulos de respeto y honor.

No. Líderes inspirados de la Iglesia asignan a cada misionero a un lugar específico donde prestará servicio. Algunos se quedan en su país de origen y otros se van al extranjero, pero todos son felices al servir sabiendo que la asignación, en el fondo, proviene de Dios.

Dependiendo del día, puedes encontrar a los misioneros haciendo visitas, prestando voluntariamente servicio a la comunidad, enseñando acerca de Dios, etcétera. Pero nunca están demasiado ocupados para ayudarte si lo necesitas.

Trabajar de dos en dos ayuda a mantener a los misioneros a salvo. También sigue el modelo que enseñó Jesús: “Y llamó a los doce y comenzó a enviarlos de dos en dos” (Marcos 6:7).

Hay más de 65.000 misioneros Santos de los Últimos Días de tiempo completo en todo el mundo, y es probable que los haya en tu ciudad si alguna vez los necesitas.

El primer paso por lo general es reunirse con los misioneros. Ellos te enseñarán las creencias y las prácticas básicas de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Además pueden contestar tus preguntas acerca de la Iglesia y ayudarte a saber lo que se espera de los miembros.

También debes empezar a asistir a los servicios de adoración. Sentirás la alegría de pertenecer a una comunidad de personas que se preocupan las unas por las otras y se esfuerzan por seguir el ejemplo de Jesucristo.

Por último, una vez estés listo para unirte a la Iglesia, puedes decidir bautizarte y ser miembro oficialmente. Pueden bautizarte los misioneros o alguna persona que hayas conocido en la Iglesia.

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