Gente adorando a Jesucristo

El camino a Jerusalén

Mientras Jesús se dirigía al sur hacia Jerusalén, a través de Galilea, entró en una aldea sin nombre. A esta altura de Su ministerio, se había difundido la noticia de Su milagrosa capacidad de sanar a los enfermos. Se le acercó un grupo de diez personas que habían sido afligidas por la dolorosa y desfigurante enfermedad de la lepra. Los leprosos parecían indigentes, pero eso no significaba que no tuvieran esperanza, y suplicaron: “Maestro, ten misericordia de nosotros”. Jesucristo les dijo: “Id, mostraos a los sacerdotes”. Mientras los diez se dirigían a los sacerdotes, descubrieron que habían sido sanados. Se llenaron de alegría al verse libres de la terrible aflicción; sin embargo, solo uno de ellos regresó para agradecérselo a Jesús en persona. El que regresó para expresar gratitud fue recompensado cuando Jesús le declaró sano tanto física como espiritualmente.

La invitación

Devolver un favor dando gracias

La gratitud es poderosa. Cuando lo expresamos, la sanación que encontramos puede no ser tan visible como la que vivieron los diez leprosos, pero es igual de transformadora. Dedica un día a expresar gratitud, en persona, en línea o por teléfono. Así mismo, al igual que el leproso que regresó, no te olvides de dedicar tiempo a orar y dar gracias por la influencia de Jesucristo en tu vida.

Preguntas para reflexionar

¿A quién puedes tender una mano y expresar gratitud?

¿Qué ha sucedido en los últimos días que haya sido una bendición para ti?

¿Qué te hace sentir gratitud por Jesucristo?

Escrituras sobre la gratitud

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