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Pintura de Jesucristo y la señora en el pozo de agua

Samaria, pozo de agua viva

3 dejó Judea y se fue otra vez a Galilea.

4 Y era menester que pasase por Samaria.

5 Llegó, pues, a una ciudad de Samaria que se llamaba Sicar, junto a la heredad que Jacob dio a su hijo José.

6 Y estaba allí el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó así junto al pozo. Era como la hora sexta.

7 Vino una mujer de Samaria a sacar agua; y Jesús le dijo: Dame de beber.

8 (Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar de comer).

9 Y la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo tú, siendo judío, me pides a mí de beber, que soy mujer samaritana? Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.

10 Respondió Jesús y le dijo: Si conocieses el don de Dios, y quién es el que te dice: Dame de beber, tú le pedirías a él, y él te daría agua viva.

11 La mujer le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo. ¿De dónde, pues, tienes el agua viva?

12 ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, del cual bebieron él, y sus hijos y sus ganados?

13 Respondió Jesús y le dijo: Cualquiera que bebiere de esta agua volverá a tener sed;

14 mas el que bebiere del agua que yo le daré no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.

15 La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga acá a sacarla.

16 Jesús le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá.

17 Respondió la mujer y dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: No tengo marido,

18 porque cinco maridos has tenido y el que ahora tienes no es tu marido; esto has dicho con verdad.

19 Le dijo la mujer: Señor, me parece que tú eres profeta.

20 Nuestros padres adoraron en este monte, pero vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar.

21 Jesús le dijo: Mujer, créeme que la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre.

22 Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos, porque la salvación viene de los judíos.

23 Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad, porque también el Padre busca a tales para que le adoren.

24 Dios es Espíritu; y los que le adoran, es necesario que le adoren en espíritu y en verdad.

25 Le dijo la mujer: Sé que el Mesías ha de venir, el cual es llamado el Cristo; cuando él venga, nos declarará todas las cosas.

26 Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo.

27 Y en esto vinieron sus discípulos y se sorprendieron de que hablara con una mujer; pero ninguno dijo: ¿Qué preguntas? o ¿Qué hablas con ella?

28 Entonces la mujer dejó su cántaro, y fue a la ciudad y dijo a los hombres:

29 Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho. ¿No será este el Cristo?

30 Entonces salieron de la ciudad y fueron a él.

La tierra de Samaria era una región entre Jerusalén y Galilea. Mientras viajaba por la región, Jesucristo se detuvo en un pozo donde se sentó a descansar. Cuando una mujer del lugar vino a sacar agua, Jesús le pidió que sacara agua para Él. Ella se sorprendió por su petición, ya que los judíos generalmente evitaban las interacciones con los samaritanos. Pero eso no impidió que Jesús se acercara con amor y compasión a compartir Su mensaje divino con ella. La mujer había cometido algunos errores en su vida que tal vez pensó que la hacía indigna, pero Jesús la consoló con ternura al explicarle Su identidad como el Mesías que ella buscaba y la invitó a adorar a Dios en “espíritu y en verdad”. Él la vio por lo que podía llegar a ser, tal como nos ve a nosotros.

La invitación

Conviértete en un mejor tú

Todos hemos cometido errores. Pero al igual que la mujer junto al pozo, el amor y la misericordia de Jesucristo son más grandes que nuestros errores. Dedica tiempo a escribir algunas metas para la persona que desea ser. Y mientras lo haces, recuerda que Jesucristo puede ayudarnos a superar las cosas del pasado que nos retienen, especialmente cuando oramos para pedir ayuda y procuramos corregir nuestros errores.

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Preguntas para reflexionar

¿Cuáles son algunos de los errores que has cometido y que quisieras borrar?

¿Qué tienes que hacer para corregir las cosas?

¿Cómo puede Jesucristo darte la fortaleza para cambiar?

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