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El desierto de Judea

El desierto de Judea

1 Y Jesús, lleno del Espíritu Santo, volvió del Jordán y fue llevado por el Espíritu al desierto

2 por cuarenta días, y era tentado por el diablo. Y no comió nada en aquellos días; y pasados estos, tuvo hambre.

3 Entonces el diablo le dijo: Si eres el Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan.

4 Y Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios.

5 Y le llevó el diablo a un alto monte y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra.

6 Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad y la gloria de ellos, porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy;

7 pues si tú me adorares, todos serán tuyos.

8 Y respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solamente servirás.

9 Entonces le llevó a Jerusalén y le puso sobre el pináculo del templo y le dijo: Si eres el Hijo de Dios, lánzate de aquí abajo,

10 porque escrito está: A sus ángeles mandará para que te guarden;

11 y en las manos te llevarán, para que no tropiece tu pie en piedra.

12 Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás al Señor tu Dios.

13 Y cuando el diablo hubo acabado toda tentación, se alejó de él por un tiempo.

14 Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la región de alrededor,

Jesús tenía alrededor de 30 años cuando comenzó Su ministerio entre el pueblo de Jerusalén. Antes de predicar a las multitudes, de llamar a Sus apóstoles o de enseñar por parábolas, se tomó un tiempo para estar solo en el desierto de Judea. Pasó 40 días en la solitaria extensión del desierto que se extendía al este de Jerusalén, hasta las orillas del mar Muerto. Para Jesús, fue una época de crecimiento personal, reflexión y comunicación con Su Padre mientras se embarcaba en el difícil viaje para llevar a cabo la obra redentora que Su Padre le había enviado a hacer en nombre de toda la humanidad, tras lo cual “volvió a Galilea” (Mateo 4:12).

La invitación

Tómate tiempo para renovarte mediante la reflexión

Dios puede ayudarte a estar preparado para los próximos desafíos y para lograr tus metas. Durante los próximos dos días, estás invitado a apartar un tiempo para estar solo y prepararte mental y espiritualmente para un acontecimiento importante en tu vida. No tienen que ser 40 días; incluso quince minutos de reflexión pueden aportar paz y propósito a tu corazón.

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Preguntas para reflexionar

¿De qué manera nos enseña el ejemplo de Jesucristo a prepararnos para los desafíos o las oportunidades?

¿Para qué próximos acontecimientos o metas de la vida necesitas prepararte?

¿Qué impresiones recibiste al tomarte tiempo para reflexionar?

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