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¿Cómo puedo ser feliz?

La vida puede estar llena de desafíos, aflicciones y decisiones difíciles pero, aunque las cosas no sean como esperábamos, podemos encontrar felicidad. El evangelio de Jesucristo ofrece esperanza, sanación y gozo.

Elige ser feliz

No siempre podemos elegir las cosas que nos suceden, pero podemos elegir la manera en que reaccionamos. El élder Dieter F. Uchtdorf enseñó: “Siempre habrá cosas de las que quejarse, cosas que no parecen marchar totalmente bien. Pueden pasarse los días sintiéndose tristes, sol[o]s, incomprendid[o]s o que no l[o]s quieren. Pero ese no es el trayecto que ustedes esperaban, ni es el que el Padre Celestial l[e]s envió a que tomaran. Recuerden, ¡ustedes son en verdad [hijos e] hijas de Dios!” (véase “Su maravillosa travesía a casa”, Liahona, mayo de 2013, pág. 129).

Todos somos hijos de Dios, lo cual significa que Él tiene un plan para nosotros. A veces lo que aprendemos de una experiencia difícil es que somos capaces de hacer cosas difíciles, o que nuestra fe es más fuerte de lo que imaginamos. Depende de nosotros escoger cómo reaccionar ante las pruebas y los reveses. No siempre resultará fácil afrontar los desafíos con determinación y con la esperanza de ser felices pero, cuanto más lo hagamos, más fácil llegará a ser.

Mira más allá de ti mismo(a)

Cuando la vida se complica, es natural querer encerrarse en uno mismo; pero en realidad en tiempos difíciles puede ser útil intentar mirar hacia afuera y buscar maneras de prestar servicio a los demás. El servicio puede ayudar a cambiar tu actitud y tu perspectiva. Nos da la oportunidad de centrarnos en las necesidades de otras personas en vez de pensar solamente en lo que nos falta a nosotros. J. M. Barrie lo expresó de manera hermosa cuando dijo: “Quienes llevan luz a la vida de los demás no pueden evitar que esa luz también brille sobre ellos” (A Window in Thrums, 1917, pág. 137).

Céntrate en Jesús

Cuando te sientas triste o perdido(a), vuélvete a Jesucristo. En Él y en Sus enseñanzas encontrarás felicidad, paz y sanación. Tal como Jesús mismo dijo: “… en mí ten[dréis] paz. En el mundo tendréis aflicción. Pero confiad; yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Jesús nos conoce perfectamente, y conoce nuestro dolor. Él vivió y murió por nosotros para que podamos tener la esperanza de vencer también al mundo y regresar a vivir de nuevo con Él. Si centramos nuestra vida en Él y en Sus enseñanzas, hallaremos el gozo verdadero y sempiterno que trasciende cualquier dificultad que podamos afrontar.

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