Las Bienaventuranzas

Jesús, nuestro Maestro de maestros, en una ocasión dio un sermón en el Monte de los Olivos, conocido como el Sermón del Monte. Es donde Él reveló una ley mayor de amor y enseñó las Bienaventuranzas, características espirituales a las que podemos aspirar incluso hoy en día.

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Una mujer refugiada se siente sola en el aeropuerto
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Bienaventurados sois

Mateo 5:3–12

3 Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos.

4 Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación.

5 Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra como heredad.

6 Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán saciados.

7 Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia.

8 Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.

9 Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

10 Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos.

11 Bienaventurados sois cuando por mi causa os vituperen y os persigan, y digan toda clase de mal contra vosotros, mintiendo.

12 Gozaos y alegraos, porque vuestro galardón es grande en los cielos; pues así persiguieron a los profetas que fueron antes de vosotros.

Comprender las Bienaventuranzas

“Bienaventurados los pobres en espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”

Ser pobre en espíritu es ser humilde y enseñable. Jesús desea que siempre reconozcamos humildemente que lo necesitamos a Él.

Mateo 5:3

“Bienaventurados los mansos, porque ellos recibirán la tierra como heredad”

Ser manso es ser cordial, amable, paciente y tolerante; no orgulloso, jactancioso ni presuntuoso. El Salvador mostró Su mansedumbre al estar dispuesto a someterse a la voluntad de Dios. Incluso en un momento de extrema agonía, Él le dijo a Dios: “[P]ero no se haga mi voluntad, sino la tuya” (Lucas 22:42).

Mateo 5:5

“Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia”

Jesucristo fue un ejemplo perfecto de mostrar perdón y misericordia. Aun cuando estaba sufriendo en la cruz, Él dijo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” (Lucas 23:34). Ya que todos necesitamos misericordia, todos debemos mostrar misericordia.

Mateo 5:7

“Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios”

Otro nombre que tiene Jesús es “Príncipe de paz”. Jesús nos alienta a seguir Su ejemplo al amar a todos para que podamos convivir en paz.

Mateo 5:9

“Bienaventurados los que lloran, porque ellos recibirán consolación”

Afrontaremos desafíos y problemas que nos pondrán a prueba. Cuando nos lamentamos por nuestras pérdidas y pruebas, recibimos la promesa de que seremos bendecidos a medida que perseveremos. Dios enviará Su Santo Espíritu para consolarnos en momentos de necesidad.

Mateo 5:4

“Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”

Podemos acercarnos más a Dios al tratar de seguir Sus enseñanzas y aprender más acerca de Él. Cuanto más conocimiento busquemos, con más conocimiento nos bendecirá Él.

Mateo 5:6

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”

Dios se nos dará a conocer si somos puros de corazón. Si nos esforzamos fervientemente por ser como Dios, nuestros motivos y hechos serán honorables y nuestro corazón será puro.

Mateo 5:8

“Bienaventurados los que padecen persecución por causa de la justicia”

Es posible que se nos critique por la forma en que vivimos, por lo que creemos y por las cosas que hacemos. Defiende con orgullo los principios de Dios y Él te bendecirá.

Mateo 5:10

Las Bienaventuranzas nos ayudan a comprender mejor las bendiciones que Dios tiene reservadas para nosotros y lo que significa ser seguidor de Jesús.

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