Que os améis unos a otros

Jesús fue el ejemplo definitivo de amor. Podemos seguir Su ejemplo al procurar servir a quienes nos rodean.

Jesús sentado junto a un niño pequeño

Un nuevo mandamiento

Durante Su vida en la tierra, Jesucristo enseñó acerca de la importancia de amar a los demás y se refirió a ese amor como uno de los más grandes mandamientos.

“… Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma y con toda tu mente. Este es el primero y grande mandamiento. Y el segundo es semejante a este: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Mateo 22:37–39).

Jesús enseñó que el amar a Dios y a nuestro prójimo constituye el cimiento de Su evangelio. Cuando se aproximaba el final de Su ministerio, amplió esta enseñanza cuando dijo: “Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado […]. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tenéis amor los unos por los otros” (Juan 13:34–35). Cuando tenemos amor los unos por los otros resulta más fácil ser como Jesús: somos más pacientes, considerados y compasivos con quienes nos rodean.

¿Cómo demostró Jesús Su amor?

Sanó a los enfermos

Jesús sanó a muchas personas durante Su ministerio. Curó a leprosos, restauró la vista de un hombre ciego, trató la enfermedad crónica de una mujer y ayudó a un hombre paralítico a caminar.

Dio de comer al hambriento

Durante el ministerio de Jesús, una gran multitud se congregó para escuchar Sus palabras. Él les enseñó durante casi todo el día y tuvieron mucha hambre porque no tenían nada que comer. Milagrosamente, Jesús pudo alimentar a las cinco mil personas de la multitud con cinco panes y dos peces.

Demostró perdón

Jesús perdonó los pecados pasados de las personas cuando se arrepintieron y las animó a corregir su curso siguiendo adelante.

Se hizo amigo de los marginados

Se sabe que Jesús tendía la mano a aquellos que vivían al margen de la sociedad. Mostró amor a personas de todas las circunstancias y creencias.

Murió por nosotros

La misión de Jesús al venir a la tierra era salvarnos de la muerte y el pecado. Padeció un dolor inimaginable para que pudiéramos arrepentirnos y ser perdonados de nuestros pecados.

Seguir el ejemplo de Jesús

Al igual que Jesús, podemos marcar la diferencia en la vida de las personas cuando mostramos amor sincero los unos por los otros. Así es como se hace:

1. Presta servicio a los demás

Jesús enseñó que cada vez que servimos a los demás —siempre que damos de comer al hambriento, cubrimos al desnudo o cuidamos del enfermo—, lo estamos sirviendo a Él.

“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:40).

Ideas para prestar servicio a otras personas

La próxima vez que recibas un mensaje de texto, dile al remitente por qué lo aprecias
Dona artículos a tu tienda local de segunda mano o a tu organización benéfica
Destaca una virtud en otra persona, algo que ella no vea en sí misma
Enséñale una nueva habilidad a alguien
Asiste a un evento para apoyar a alguien a quien conozcas
Ofrécete para ayudar a un adulto mayor con una tarea
Dedica una hora a prestar servicio voluntario en una organización local sin fines de lucro
Haz un donativo a un banco de alimentos local o prepara una comida para alguien necesitado
Ofrécete a cuidar a los hijos de alguien sin costo alguno
Almuerza con alguien nuevo en la escuela o el trabajo

¿Quieres más ideas para prestar servicio?

Busca oportunidades de prestar servicio en tu comunidad local (disponible en la mayoría de las Áreas).

2. Sé amable

Jesús fue bondadoso, paciente y compasivo. Tendió la mano y dio amor a todas las personas, independientemente de sus circunstancias. Mostró empatía y apoyó el progreso futuro de los demás.

3. Tiende una mano a las personas necesitadas

A veces, las personas que más nos necesitan no siempre nos lo dicen. A lo largo del día, presta atención a las personas que podrían necesitar tu ayuda. A menudo Dios nos utiliza para prestar servicio a los necesitados. Presta atención a cualquier pensamiento y sentimiento que te inspire a actuar; es posible que Dios te esté animando a echar una mano.

Personas sentadas en bancos de una congregación de la Iglesia cantando